10 abr. 2012

El Picador; cómplice de espada

El picador es el único subalterno que monta a caballo, éste personaje tiene su protagonismo en el primer tercio (el de varas) antes de la suerte de capote. Anteriormente, el picador era considerado el protagonista del espectáculo, ya que es él quien tiene el primer contacto con el toro y lo enfrenta cuando éste se encuentra en su máxima bravura, pero con el tiempo, el picador pasó de ser el protagonista a ser el menos querido por el público debido a la función que desempeña.

La herramienta principal del picador es una vara de hierro de 2 m. de largo con una puya en la punta. Con éste instrumento el picador cumple su tarea de picar tres veces al toro con el objetivo de mermar su bravura e inducirlo a humillar la cabeza (no embestir levantando la cabeza y mantenerla siempre recta), esto se hace, evidentemente, para facilitar la tarea del matador a la hora de la lidia y para que éste se pueda lucir más.

Para lograr humillar la cabeza del toro, el picador debe destrozar los músculos extensores y el trapecio, que son los encargados de sostener la cabeza del animal y de darle movilidad a la misma. La puya que se encuentra en la punta de la vara no solo realiza un corte, sino que, por su forma de pirámide en espiral, desgarra e inhabilita los músculos provocando una gran hemorragia que debilita en gran medida al toro.

En ocasiones, accidental o deliberadamente, se pica “mal” al animal y los efectos de ello pueden  traducirse en cojera o flojedad en las patas (consecuencia de picar muy cerca de la columna vertebral) o rompimiento de costillas y perforación de pulmón (lo que produce que el toro no pueda respirar y se agote más rápido). Evidentemente esto pone aún más en desventaja al animal y facilita enormemente la tarea del matador, por esto es vital que el picador se conduzca con profesionalismo y no de ventaja al espada apegándose al reglamento taurino referido al acto de pique, que menciona claramente “… no berrenar (girar la puya como un sacacorchos), no tapar la salida (dejar que el toro retroceda cuando no pueda soportar el dolor) y no insistir (no hacer mete-saca con la puya) es la forma correcta de aplicar el castigo”

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