10 abr. 2012

Sin torero no hay fiesta; integrantes de la cuadrilla

A pesar de que el matador, por su papel en la arena, es quien se lleva toda la atención, no es únicamente él quien hace posible una corrida de toros. El matador forma parte de una cuadrilla de toreros; cada uno de ellos con funciones específicas en cada tercio de la corrida. Una cuadrilla está integrada por el matador, también llamado diestro o espada –quien es el líder del grupo— y por sus subalternos; los picadores, los banderilleros y los mozos de espadas.

Normalmente, en cada corrida de toros, el espectáculo está conformado por tres toros y por tanto, de tres toreros o espadas; cada uno con su respectiva cuadrilla. Para abrir la corrida se hace un paseíllo, que es una especie de desfile en el cual se presentan a las cuadrillas que protagonizarán el evento y el resto de personajes que contribuirán a la realización de la fiesta brava.

En el orden que entran a la arena en el paseíllo tenemos, abriendo el desfile, a los dos alguacilillos, quienes van a caballk y fungen como el conducto por el cual el presidente de la arena transmite las órdenes para su posterior ejecución. En segundo lugar del paseíllo desfilan los matadores, quienes, como su nombre lo sugiere, son los que dan la estocada final para matar al toro en el tercer tercio de la corrida (el de muerte), además de torearlo propiamente (con capota y con muleta). Detrás de cada matador marchan sus tres banderilleros, estos personajes se encargan de clavar 3 pares de arpones de hierro adornado (banderillas) en el cerviguillo del toro durante el segundo tercio de la fiesta brava (el de banderillas). Más atrás, siguiendo a su matador después de los banderilleros, se enfilan los picadores; estos subalternos van montados a caballo y su función es picar al toro con una vara de hierro durante el primer tercio de la corrida (el de varas). Los siguientes en la formación son los monosabios, que son los mozos de los picadores; les ayudan a montar, sujetan al caballo y los protegen si son derribados. Al final del paseíllo se encuentran las mulillas, cuya función es llevarse al toro muerto al desolladero.

Es importante mencionar que los únicos toreros son los picadores, los banderilleros y el matador, puesto que los mozos de espada y los monosabios únicamente asisten a sus toreros (matadores y picadores respectivamente), mientras que los alguacilillos y mulillas cumplen con funciones distintas en el transcurso de la corrida.

Dedicaré los siguientes tres artículos para ahondar un poco más en las características y funciones de cada tipo de torero.

El Matador; comandante de la fiesta

El matador, también conocido como diestro o espada, es quien comanda la cuadrilla, el protagonista del espectáculo, el que recibe orejas y rabo cuando se luce en la lidia y es quien, con una buena estocada, da muerte al toro.

La formación de un matador se desarrolla en varias etapas: al principio, el aspirante a matador es un becerrista; etapa en la que únicamente puede torear becerros (reses de 1 año de edad), después el aspirante alcanza el rango de novillero sin picadores; donde se enfrenta a reses ya de dos años de edad pero sin picadores a caballo, luego viene el rango de novillero con caballos; aquí el aspirante ya torea reses de 3 años con la ayuda de picadores a caballo. Finalmente, un torero de experiencia es quien le da al aspirante la oportunidad de la Alternativa, evento donde el novillero finalmente alcanza el grado de matador de toros, rango que puede entenderse como doctorado en tauromaquia.

La primera intervención del matador en la fiesta brava es en el primer tercio (el de varas), a ésta intervención se le conoce como suerte de capote y tiene lugar antes de que los picadores entren en acción, aquí el matador cita al toro con la capota  y lo torea para medir su bravura y cornada. La segunda y última intervención del matador es en el tercer tercio (el de muerte), tercio del que es protagonista total; primero con la suerte de muleta (suerte donde se torea propiamente al animal y se exhibe la destreza y estilo del torero) y finalmente con la estocada al toro para lograr su muerte.

Cabe mencionar que el matador también puede protagonizar el segundo tercio (el de banderillas) ya que puede ser él mismo quien clave los tres pares de banderillas si así se conviene. También hay que recordar que hay matadores a pie y matadores a caballo, éstos últimos se llaman rejoneadores y hacen exactamente lo mismo pero montados en un caballo.

El Banderillero; artista preciso

El banderillero, también llamado torero de plata o rehiletero, es el subalterno que protagoniza el segundo tercio (el de banderillas) y su función es reanimar y excitar al toro para el tercio de muerte. Las banderillas que se usan son varillas de hierro adornadas con papel picado de varios colores y con punta en forma de arpón, cuando las banderillas penetran en el lomo del toro estimulan varias terminales nerviosas que provocan que el animal se reanime después de la pasividad y desgaste del tercio de varas.

Para esta suerte se requiere gran habilidad del torero, quien de “cuerpo limpio” y con varias formas de ejecución, espera al toro para que en el momento preciso burle la embestida y calve ambas banderillas en el cerviguillo del toro. Además de peligrosa, ésta suerte es muy estética y apreciada por el público debido a los precisos y casi artísticos movimientos del banderillero al momento de ejecutar la acción.

Normalmente, una cuadrilla está compuesta por tres banderilleros, y cada uno clavará su par de banderillas en el segundo tercio de la corrida, sin embargo, puede ser sólo uno el banderillero que realice esta tarea, e incluso puede ser el mismo matador quien lo haga (esto sucede cuando el matador es especialista en la suerte de banderillas o por situaciones extraordinarias de convenio).

El Picador; cómplice de espada

El picador es el único subalterno que monta a caballo, éste personaje tiene su protagonismo en el primer tercio (el de varas) antes de la suerte de capote. Anteriormente, el picador era considerado el protagonista del espectáculo, ya que es él quien tiene el primer contacto con el toro y lo enfrenta cuando éste se encuentra en su máxima bravura, pero con el tiempo, el picador pasó de ser el protagonista a ser el menos querido por el público debido a la función que desempeña.

La herramienta principal del picador es una vara de hierro de 2 m. de largo con una puya en la punta. Con éste instrumento el picador cumple su tarea de picar tres veces al toro con el objetivo de mermar su bravura e inducirlo a humillar la cabeza (no embestir levantando la cabeza y mantenerla siempre recta), esto se hace, evidentemente, para facilitar la tarea del matador a la hora de la lidia y para que éste se pueda lucir más.

Para lograr humillar la cabeza del toro, el picador debe destrozar los músculos extensores y el trapecio, que son los encargados de sostener la cabeza del animal y de darle movilidad a la misma. La puya que se encuentra en la punta de la vara no solo realiza un corte, sino que, por su forma de pirámide en espiral, desgarra e inhabilita los músculos provocando una gran hemorragia que debilita en gran medida al toro.

En ocasiones, accidental o deliberadamente, se pica “mal” al animal y los efectos de ello pueden  traducirse en cojera o flojedad en las patas (consecuencia de picar muy cerca de la columna vertebral) o rompimiento de costillas y perforación de pulmón (lo que produce que el toro no pueda respirar y se agote más rápido). Evidentemente esto pone aún más en desventaja al animal y facilita enormemente la tarea del matador, por esto es vital que el picador se conduzca con profesionalismo y no de ventaja al espada apegándose al reglamento taurino referido al acto de pique, que menciona claramente “… no berrenar (girar la puya como un sacacorchos), no tapar la salida (dejar que el toro retroceda cuando no pueda soportar el dolor) y no insistir (no hacer mete-saca con la puya) es la forma correcta de aplicar el castigo”

7 abr. 2012

Mario Vargas Llosa defiende las corridas de toros.

En una entrevista realizada por el noticiero Buenos Días Perú, el premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, defendió una vez más a la fiesta brava.

"la consecuencia inmediata de acabar con las corridas de toros es acabar con el toro bravo", así comenzaba su planteamiento el escritor del libro La Fiesta del Chivo, quien también señaló que las corridas de toros "...son un espectáculo artístico de extraordinaria belleza".

El tema de las corridas de toros siempre ha polarizado opiniones y cuando se habla de ello la polémica no tarda en desatarse, en especial cuando el que opina es alguien de la talla de un premio nobel. En esta ocasión Vargas Llosa vuelve a manifestar su apoyo a la fiesta brava e invita a que "a los que vamos y gozamos a los toros, que nos permitan disfrutar y realizar una actividad que tiene una gran tradición".

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