12 mar. 2013

De 1999 a 2013: un periodo crucial en la historia Venezolana


·        El futuro de Venezuela pende de un hilo, un momento histórico está por suscitarse en la vida de ese país
·        Capriles no cuenta con una mayoría de apoyo, pero tiene a su favor fuerzas “extranacionales” en contra del oficialismo
·        Chávez fue un socialista autoritario que prefería ayudar al pueblo por encima de la industria y el capitalismo neoliberal

por Cristian Ángeles

Los noventas fueron una década hostil para el pueblo de Venezuela, fue en ese periodo cuando el país se encontraba al borde del colapso económico, la administración púbica y las políticas de aquel entonces no hacían más que hundir poco a poco a la isla comunista de Venezuela. El escenario era desalentador: el colapso de la Unión Soviética, principal benefactor de Venezuela, derivó en una insuficiencia bancaria generalizada que provocó la intervención del Banco Latino, cuyos efectos secundarios desencadenaron la extinción de más de 9 bancos comerciales y 10 sociedades financieras, además de que la ineficacia del gobierno en todos sus niveles no lograba contener la falta de solvencia. El tejido social del pueblo venezolano estaba casi desmembrado.

Después, y permítanme el elogio, cual héroe revolucionario, llegó Hugo Chávez a la presidencia en 1999 y desde entonces, Venezuela ha resarcido los daños e incluso ha crecido en varias direcciones. En su primer año de gobierno, Chávez derogó la Constitución de Venezuela de 1966 y, bajo su proyecto de Socialismo del Siglo XXI, promulgó la de 1999 con más del 70% de aceptación, misma que posteriormente, en 2009, sufriría una enmienda propuesta por el mismo presidente.  

Estas reformas le otorgaron a Chávez el poder para que materializara cambios radicales en la vida política de Venezuela: en 2005, con la Ley De Tierras, ordenó la expropiación de latifundios y tierras aparentemente improductivas  para dárselas a los campesinos que quisieran trabajarlas, por razones obvias, esta acción fue aplaudida por el pueblo y reprobada por los empresarios. Fue Chávez también quien logró nacionalizar la Compañía de Teléfonos de Venezuela (CANTV) y su filial de telefonía celular MovilNet, así como la Electricidad de Caracas (ECD), industrias que hasta entonces eran controladas por empresas norteamericanas. Pero sin duda, las reformas a la Ley de Hidrocuarburos fueron el triunfo y sostén del gobierno Chavista, dichas reformas permitieron  la consolidación de Venezuela como miembro activo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), lo que le ha  permitido colocarse como el país con las mayores reservas probadas de crudo pesado en el mundo y a convertirse en el quinto exportador de petróleo. Con una base petrolera, el Comandante elevó el nivel de vida de todos los venezolanos y les ofreció una seguridad que años atrás anhelaban tanto.

Lejos del marco jurídico-político, Hugo Chávez siempre fue un socialista que tenía como objetivo ayudar al pueblo por encima de la industria y el capitalismo neoliberal que no hace más que desmoronar  la soberanía nacional y esclavizar económicamente al pueblo. Fue evidente su deseo de unificar a las naciones latinoamericanas para formar un bloque autosuficiente e independiente, cuyo interés primordial fuera el progreso social y el no intervencionismo extranjero. Innegablemente, Chávez fue un radical: un radical de esos que muchos odian porque atenta contra poderosos intereses internacionales, pero fue también  un radical de esos que siempre hacen falta.

Ahora, lamentablemente, Hugo Chávez yace muerto en caracas víctima del cáncer. La incertidumbre acerca del futuro venezolano luego de su deceso preocupa y ocupa a América Latina, e incluso al mundo entero. ¿Será que la lucha popular en América Latina haya llegado a su fin con la caída de su mayor referente? Los venezolanos temen regresar a aquellos tiempos de carencia y desequilibrio macroeconómico; los que se creen dueños del mundo ven aquí una gran oportunidad para aplastar lo que queda del socialismo opositor; los que admirábamos al líder, al defensor, al revolucionario: le extrañamos, y los que odiaban al tirano, al antidemocrático, al autoritario: se regocijan… sin duda, él fue un personaje fácil de amar, pero también fácil de odiar.

El futuro de Venezuela pende de un hilo, es un momento histórico en la vida de ese país. A casi un mes de convocar a las nuevas elecciones, nadie asegura nada: el presidente interino y fiel seguidor de Chávez, Nicolás Maduro, se muestra débil políticamente y dependerá del apoyo del pueblo venezolano para que el candidato oficialista gane y continúe con el proyecto Chavista. Por otra parte, el líder opositor, Henrique Capriles, se ha pronunciado a contender por la presidencia venezolana y, aunque no cuenta con una mayoría de apoyo, tiene a su favor fuerzas “extra-nacionales” que harán hasta lo imposible porque Maduro no llegue al poder.
Posturas encontradas invaden la opinión pública venezolana; ¿seguir con el socialismo autoritario Chavista en beneficio del pueblo, o abrir las puertas a la colonización industrial y capitalista disfrazada de “democratización”? Esa es la cuestión.

“Hasta la victoria siempre, viviremos y venceremos”: fue uno de los últimos tuits del difunto presidente Hugo Chávez antes de su deceso.

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